La importancia de saber de todo y especialmente de nada

Soy un firme defensor de los valores del hombre renacentista, que trataba de aprender diferentes ciencias y artes, para extender su mira y forjarse un conocimiento de amplio espectro. Sin embargo, no pensemos que “picaban” de aquí y de allá; aquellos hombres y mujeres del Renacimiento que trataban de aprender campos muy variados, llegaban a profundizar en ellos mucho más de lo que creemos.

Profundizar en el conocimiento siempre está bien; sin embargo, nuestro tiempo en este mundo es limitado y tenemos que tratar de exprimirlo al máximo. En mi opinión, la actualidad difiere de aquellos siglos pasados, y ahora es preferible saber un poco de muchos temas, antes que hacerse experto en unos pocos. Buscamos al hombre renacentista de la era digital.

Información al alcance de todos

La llegada de Internet ha cambiado las reglas del juego del conocimiento. En general, ya no tiene sentido memorizar en demasía, ni entrar en el detalle en temas técnicos.

Búscalo en Google” es la frase más sonada en discusiones de bar. Algunos dicen que nos ha hecho más tontos. Yo no lo creo. Tenemos la posibilidad de ceder más espacio a nuestros cerebros, dedicar un tiempo más útil a mejorar otras habilidades cognitivas, antes que memorizar una fecha concreta o un nombre particular.

La mayor parte del conocimiento técnico para desarrollar casi todos los empleos actuales está en la Red. Por lo tanto, los conocimientos concretos y que tengamos que memorizar, pierden importancia.

La llegada de la Inteligencia Artificial va a acentuar esta situación. Chatbots inteligentes podrán responder nuestras dudas al momento y nuestros compañeros virtuales en el trabajo nos ayudarán con las tareas más repetitivas, así como a aplicar la teoría necesaria para resolver cualquier tarea.

Habilidades antes que conocimientos

Parece que volvemos a entrar en una época en la que los valores humanistas florecen. Paradójicamente, en un mundo cada vez más tecnológico y dominado por las máquinas y los datos, nuestras capacidades técnico-tecnológicas son menos relevantes.

Cada vez es más esencial profundizar en nuestras habilidades sociales y de liderazgo, por ejemplo. Coordinar y liderar equipos es más importante que trabajar por nuestra cuenta, por muy expertos que creamos ser.

También, antes que conocer un tema técnico muy específico, más interesante es tener unos fundamentos de razonamiento y crítica desarrollados, saber qué está bien y qué está mal, dentro de un orden de magnitud aceptable.

Las empresas buscan a un trabajador listo, que aprenda rápido y tenga sentido crítico, que sepa relacionarse con los demás empleados, que sea responsable, trabajador, flexible y se adapte a los cambios… Todo eso supera cualquier título universitario.

El trabajo de un día puede cambiar radicalmente al día siguiente. Cada vez es más normal que los servicios de una empresa se transformen, en un mundo cambiante, globalizado y extremadamente competitivo. Las empresas contratan a personas antes que a expertos, pues el “expertize” de un momento puede quedarse obsoleto poco después.

El fracaso de la “titulitis”

En muchos países, entre ellos especialmente España, la crisis económica derivó en un paro juvenil desorbitado. Toda una generación de jóvenes desilusionados se han visto (y tristemente se siguen viendo) con un título de licenciado, graduado, doble graduado, ingeniero o doctor, sin posibilidad de encontrar empleo.

Muchos decidieron entonces seguir estudiando, sacándose másters o MBAs de precios absurdos y nada justificados, cursos de Inteligencia Emocional y Coaching, idiomas (con títulos, claro), más cursos y si eso otro máster más. Y más títulos.

Al final, por muchos títulos que tengas, la vida y el mundo laboral te ponen en tu sitio. Ya sea en una entrevista laboral o en el desarrollo de tu trabajo, tus habilidades no-técnicas serán puestas a prueba.

Ingenieros humanistas e historiadores tecnológicos

El ingeniero o el biólogo debe salir de su burbuja científica, mejorar sus habilidades de comunicación y escritura, hablar al público y leer con ansia. Debe profundizar en aquello que nos hace humanos, para poder competir con la inteligencia artificial.

El historiador o el psicólogo debe saber de tecnología, para que ésta le ayude en su día a día, como el análisis de datos, metodologías estadísticas y teorías sociológicas. Debe comprender las ciencias que han cambiando nuestro mundo y entender que son parte de lo que nos hace humanos.

En un futuro con softwares rodeando todo, la automatización avanzando imparablemente y la robótica imponiéndose en todos los procesos productivos, será muy útil dominar las nuevas tecnologías, pero más aún dominar las habilidades y los valores humanos.

Buscamos al hombre renacentista en la era digital. Ya no vale ser de letras o ser de números, hay que ser sencillamente humanos.

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