¿Aceptaremos el arte creado por Inteligencia Artificial? ¿Qué nos quedará por pintar a los humanos?

Cuando se habla de la tecnología en el futuro, se piensa en si el futuro va a estar dominado por robots o cuál va a ser el próximo éxito para smartphones que usarán nuestros hijos. Poco hablamos del papel del arte en este futuro, cuando indudablemente, el arte ha sido parte fundamental de nuestra historia pasada y lo será también de la futura. ¿Qué pasará cuando las máquinas hagan arte? ¿Y si ya lo están haciendo?

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Kazimir Malévich, ‘Cruz negra’, ‘Cuadrado negro’ y ‘Círculo negro’. Crédito: RICARDO CEPPI

Sólo podemos entender la historia incluyendo la historia del arte

La pintura, la escritura, la música, la escultura, el cine… El arte ha acompañado al ser humano desde sus inicios y es reflejo de su sociedad, su progreso y su momento histórico.

Además, el propio arte ha estado siempre ligado a la tecnología, cómo podemos ver claramente en la arquitectura, por ejemplo. Incluso, el arte ha sido impulsor de cambios sociales, véase a partir de movimientos políticos creados por artistas de múltiples ámbitos, o ayudando a hacer llegar conocimiento y cultura a toda la humanidad a través de su obra artística.

Por todo ello, en este momento en el que vemos el futuro como altamente tecnificado o incluso frío, dominado por robótica y alta digitalización, debemos recordar, más que nunca, lo importante que es el arte para el ser humano. Debemos traerlo de nuevo al centro de nuestro camino.

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Si las máquinas sueñan con ovejas eléctricas, ¿Qué es lo que pintan?

Decía el famoso libro, adaptado al cibernético Blade Runner, que los androides sueñan con ovejas eléctricas. Qué bonito es el concepto de llevar los sueños a las máquinas. Sabemos que muchos animales sueñan, no es sólo una cualidad humana. Y cada animal seguro que sueña diferente. ¿Cómo soñarán las máquinas? ¿Podrán al menos? Será en nuestro propio sueño de crear inteligencia artificial, cuando despertaremos dándonos cuenta de lo frágil que es la frontera entre lo artificial y lo natural, tal y como nos enseñó la citada obra literaria de Philip K. Dick.

La ensoñación humana se genera gracias a la mezcla resultante de creatividad y recuerdos. Las máquinas pueden ser creativas y desde luego pueden almacenar información. Parece normal asegurar pues, que en algún momento indeterminado, las máquinas podrán “soñar”, aunque sea en su sentido figurado. Y sus sueños, por qué no, podrán plasmarse en un lienzo.

Las máquinas ya están comenzando a crear canciones o libros por sí solos. Su avance en todas y cada una de las ramas del arte es probablemente imparable. Pronto veremos bellos edificios diseñados por inteligencia artificial, cautivadoras partituras escritas por algoritmos, llamativos cuadros pintados por robots inteligentes. A priori, no podemos pensar en ningún desarrollo artístico que no pueda ser realizado por una inteligencia artificial futura.

¿Sabremos diferenciar arte-humano de arte-máquina?

Un equipo del Laboratorio de Arte e Inteligencia Artificial de la Universidad de Rutgers publicó el año pasado unos desarrollos muy interesantes. Dice su paper:

Desde los albores de la Inteligencia Artificial, los científicos han estado explorando la capacidad de la máquina para generar productos creativos al mismo nivel que los humanos, como poesía, cuentos, chistes, música, pinturas, etc., así como la resolución creativa de problemas. Los resultados [de nuestro estudio] muestran que los sujetos humanos no podían distinguir el arte generado por el sistema propuesto del arte generado por los artistas contemporáneos y mostrado en las principales ferias de arte

CAN: Creative Adversarial Networks, Generating “Art” by Learning About Styles and Deviating from Style Norms; Ahmed Elgammal, Bingchen Liu, Mohamed Elhoseiny, Marian Mazzone

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En el estudio, pidieron a distintas personas que adivinaran si un humano o un ordenador había creado ciertas pinturas. Unas imágenes correspondían a obras históricas expresionistas abstractas, mientras que otras eran reproducciones hechas por estas redes neuronales. Los encuestados creyeron que el 53 por ciento de las imágenes hechas por el software habían sido hechas por personas. Una tasa de acierto similar a lanzar una moneda al aire.

Sin embargo, las cosas se pusieron realmente interesantes cuando se les pidió a los encuestados que calificaran lo intencionadas, visualmente estructuradas, comunicativas e inspiradoras que eran las imágenes, tanto humanas como artificiales.

El resultado es que los encuestados calificaron las imágenes generadas por la máquina mucho mejor que las creadas por artistas reales. Aunque este es un único estudio muy particular, los resultados dan que pensar.

¿Se parecerá el arte-máquina al arte-humano?

Al principio, el arte creado por entes artificiales será muy similar al que creamos las personas, ya que las técnicas de inteligencia artificial que tenemos actualmente obligan a que esto sea así. Sí, veremos cosas raras y diferentes, pero en general será arte basado en el que nosotros hacemos. Al fin y al cabo, estamos tratando de “enseñar” a las máquinas a hacer todo tipo de cosas, mostrándoles ejemplos hechos por nosotros, de eso se trata en esencia al machine learning.

Más adelante, una vez la inteligencia artificial avance, los dos caminos artísticos irán diferenciándose mucho. Al igual que la IA se va a ir separando de nuestra forma de pensar, crear y analizar conceptos, el arte creado por las máquinas será notablemente distinto del nuestro.

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Museos de artistas robóticos

Nos gusta el arte armonioso, que nos resulte atractivo y evocador de forma natural. Pero también el arte persigue lo exótico, lo raro, aquello diferente y que rompa con lo habitual. Si la Inteligencia Artificial que desarrollemos en el futuro es diferente a la nuestra, entonces seguro que el arte que cree lo será también.

Las obras de nuestros compañeros virtuales se diferenciarán lo suficiente de las nuestras, tanto como para que tengamos que estudiarlas por separado. Los estudiosos tendrán que valorar ambas sendas artísticas por separado y deberemos entender cómo la programación se liga al resultado que entendemos por arte. Surgirán historiadores de arte que sean expertos en programación de IA.

El arte es algo difuso, abstracto en sí mismo, difícil de delimitar. Muchas veces no sabremos si la creación de un algoritmo se puede considerar arte o no. Las reglas de juego cambiarán por completo. Si ahora vemos un cuadro de arte moderno y muchas veces dudamos de que pueda ser calificado como arte, imaginad nuestra confusión cuando tengamos que valorar si un cuadro hecho por un programa informático es una mera representación de formas y patrones pictóricos, o si en esencia puede ser calificado de puro arte.

Por otro lado, podrá llegar el día en el que veamos obras hechas por Inteligencia Artificial en nuestros museos. Un día que, por cierto, seguro no está muy lejano. Y puede que incluso se creen galerías especializadas, en las que todo el contenido expuesto esté sólo creado por entes virtuales. La gente querrá visitar estos lugares porque el arte mostrado ahí será diferente, atractiva mente exótico. Igual que nos interesa una exposición de un artista lejano, con una forma de expresar lo artístico diferente de nuestra cultura, nos atraerá muchísimo el arte creado por artistas tan diferentes a nosotros como son los computadores. No podemos ni imaginar ahora mismo cómo será el arte de la IA en el futuro.

¿Aceptaremos el arte-máquina como arte?

En la historia del arte ha habido momentos en los que un nuevo movimiento artístico, o simplemente alguna obra de un autor ha sido puesta en duda o descalificada como arte por el simple hecho de saltarse las reglas. Por ello cuando comience el verdadero arte-máquina, lo más probable es que suponga un periodo largo de aceptación.

En el año 1917 Marcel Duchamp era un artista reconocido. Era también miembro de la Sociedad de Artistas Independientes, la cual en ese año organizó una exposición en Nueva York que anunció aceptaría todas las piezas presentadas. De entre todas las piezas artísticas que fueron presentadas, llegó un urinario dado la vuelta con la firma de R. Mutt y titulado La fuente. Nadie conocía a R. Mutt, y pese a las reglas iniciales se decidió no aceptar esa absurda obra. Al cabo de un tiempo, se descubrió que R. Mutt en realidad era Marcel Duchamp, que quiso con este objet trouvé denunciar el inmovilismo artístico. Fue en ese momento cuando el urinario pasó a ser una “obra de arte” solo por el hecho de haberlo creado un artista de renombre.

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Marcel Duchamp, Réplica de Fuente. Crédito: El Confidencial

Otro ejemplo similar es el de Piero Manzoni. Este artista italiano puso a la venta en 1961, noventa latas con la etiqueta “Mierda de artista” en diferentes idiomas. Aseguraba que en su interior había excrementos suyos reales: “Contenido neto: 30 gramos. Conservada al natural. Producida y envasada en mayo de 1961”. Al estar firmadas por el artista estas latas se consideraron obras de arte. La verdadera intención de Manzoni era criticar que cualquier mierda podría ser calificada como arte por el simple hecho de estar firmada por alguien conocido.

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Piero Manzoni, Merda d’artista. Crédito: Artslife

Duchamp y Manzoni criticaban la valoración del arte en una época en la que la libertad artística se convirtió en libertinaje. Mostraron al mundo lo delicado y complejo que es valorar qué es el arte.

El arte abstracto puede ser una genialidad o algo insignificante solo por su contexto social, histórico y su intencionalidad.

Kazimir Malévich ya llevó el arte abstracto a su límite a principios del siglo XX, culminando en el polémico cuadro Blanco sobre blanco. Tal y como nos explican en Cultura Colectiva, esta obra la crea tras un serio y profundo esfuerzo técnico-filosófico y después de explorar los estilos pictóricos más relevantes de su época. Malévich llega a la culminación de un proceso dialéctico entre la abstracción y la figuración, derivado de la dura historia en Rusia (el año anterior a pintarlo fue la Revolución de Octubre).

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Kazimir Malévich, Blanco sobre blanco. Crédito: Cultura colectiva

¿Serán capaces las máquinas de hacer arte dependiendo del contexto histórico y social?

¿Podrán transmitir sentimiento en la obra realizada basada en un contexto?

¿Podrán hacer crítica a través del arte?

Si no fuesen capaces de hacer lo anterior, ¿podríamos calificar sus obras como arte?

Un arte artificial que impulsará las artes humanas

El arte de las máquinas nos ayudará a replantearnos nuestro propio arte. Ese análisis introspectivo nos permitirá auto-analizarnos, mejorar la forma en que expresamos ideas, compararnos con una referencia que hasta ahora no teníamos. El arte creado por las máquinas ayudará a mejorar el arte humano. Un bonito y dual futuro artístico nos espera.

Fuentes: artnet.com, El Confidencial, Artslife, Cultura Colectiva

Autores:

clara Clara Valero

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