El retrete. Un invento que salva millones de vidas al año pero que atasca las cloacas de las ciudades

Hoy es el día mundial del “retrete”, y aunque parezca una broma, esta efeméride se viene celebrando desde el 2001 con la finalidad de evitar la transmisión de enfermedades, facilitar la salubridad de las comunidades y tomar medidas a favor de aquellas personas que no poseen un sistema de saneamiento residual adecuado, con el fin de alcanzar el reto promovido en el #ODS6 de las Naciones Unidas: “Saneamiento para todos en el año 2030”.

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La temática de este año promovida por la ONU es “No dejar a nadie atrás”. Por tanto pensemos que un baño no es solo un baño, sino un salvavidas, un protector de la dignidad, un creador de oportunidades. En serio, ¿creemos que alguien puede salir de la pobreza sin saneamiento? El saneamiento es un derecho humanoSegún la ONU, el 60% de la población mundial carece de instalaciones sanitarias adecuadas. Casi 900 millones de personas tienen que defecar al aire libre por no disponer de acceso a un aseo.

PROBLEMAS ALARMANTES Y REALES A LOS QUE NOS ENFRENTAMOS

Como consecuencia de esta crisis de saneamiento, los residuos de origen humano sin tratar propagan enfermedades, al contaminar el suministro de agua y la cadena alimentaria de miles de millones de personas. En conjunto, el mundo dista mucho de poder alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible 6, cuya finalidad es garantizar la disponibilidad de agua y saneamiento para todos de aquí a 2030. La financiación es insuficiente, la demanda de esos servicios aumenta, la contaminación del agua se agrava y, a menudo, las actuales estructuras de gobernanza son precarias y están fragmentadas. La falta de servicios de saneamiento gestionados de forma segura es mucho más probable entre la población pobre y marginada, que con frecuencia también debe encarar múltiples formas de discriminación.

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Fuente: Elaboración propia. Datos http://www.un.org

OBJETIVOS MUNDIALES EN MATERIA DE SANEAMIENTO

La finalidad del ODS 6 consiste en garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y de servicios de saneamiento para todos, en todos los contextos, de aquí a 2030.

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Si continuamos en esta línea, solo 40 de 152 países podrán lograr el saneamiento básico “casi universal” de aquí a 2030. El ritmo de avance es todavía más lento en las comunidades rurales y las poblaciones más pobres. La consecución del ODS 6 pasa indefectiblemente por una aceleración de los progresos en los segmentos más desfavorecidos de la sociedad.

EL SANEAMIENTO ES UN DERECHO HUMANO

En 2015, la Asamblea General de las Naciones Unidas concedió al saneamiento la condición de derecho humano, en virtud del cual toda persona tiene derecho al acceso, desde el punto de vista físico y económico, en todas las esferas de la vida, a un saneamiento que sea salubre, higiénico, seguro, social y culturalmente aceptable y que proporcione intimidad y garantice la dignidad. El derecho internacional de los derechos humanos obliga a los Estados a trabajar en pro de la consecución del acceso universal al agua y el saneamiento para todas las personas, sin discriminación alguna, y otorgando carácter prioritario a los más necesitados

Y ENTONCES, ¿POR QUÉ SE DEJA A GENTE ATRÁS?

Existen “motivos de discriminación” por los que personas de diversos grupos se están quedando atrás y se ven particularmente desfavorecidas en lo que respecta al acceso al saneamiento:

  • sexo y género;
  • raza, origen étnico, religión, casta, idioma y nacionalidad;
  • discapacidad, edad y estado de salud;
  • posesión de bienes, lugar de residencia, situación económica y social.
  • otros factores, tales como la degradación medioambiental, el cambio climático, el crecimiento demográfico, los conflictos, los flujos migratorios y los desplazamientos forzosos, también pueden perjudicar de manera desproporcionada a los grupos marginados y socavar su acceso al agua y a servicios de saneamiento.

¿LA SOLUCIÓN?

Debemos poner fin al estigma y los tabúes en torno al saneamiento y acelerar la puesta en práctica de iniciativas encaminadas a incluir a aquellas personas que son marginadas o ignoradas porque es difícil llegar a ellas. Esas mismas personas son las que, a menudo, sufren las peores consecuencias para la salud de unos servicios de saneamiento deficientes. Garantizar el saneamiento para aquellos que han quedado atrás es una cuestión imperativa, no sólo por su salud, sino también por la del conjunto de la comunidad.

Los beneficios para la salud del saneamiento sólo se logran plenamente cuando todo el mundo dispone de servicios de saneamiento gestionados de forma segura.

La tecnología también nos puede ayudar a resolver este grave problema. Bill Gates ha presentado un inodoro que no necesita agua, ni conectarse a la infraestructura existente, de forma que pueda mejorar la vida de miles de millones de personas en el mundo. Este innovador retrete permite además transformar los desechos humanos en fertilizante. Al eliminar que los excrementos estén en el entorno cercano de las personas, se elimina de raíz el principal foco de enfermedades que matan millones de personas al año, como la diarrea, el cólera y la malaria.

LA PROBLEMÁTICA EN LOS PAÍSES DESARROLLADOS

El problema más preocupante y perjudicial en los países desarrollados se llama “El monstruo de las toallitas”. Sí, sabemos que puede sonar a cuento infantil, pero es un grave problema que sufrimos en nuestra sociedad. Que incluso podría derivar en catástrofe medioambiental si no conseguimos contrarrestar la contaminación de aguas fecales, por uso doméstico en los inodoros.

La cuestión que deriva en consecuencias tan drásticas reside en un simple hecho: desechar las toallitas húmedas por el inodoro en lugar tirarlas a la papelera. La mayoría de las marcas de toallitas húmedas existentes en el mercado no son biodegradables, y siendo su vida útil tan corta, se desechan rápidamente. Son elementos de higiene personal que no deben acabar en el inodoro ya que provocan grandes atascos y cuantiosos daños tanto en la red de alcantarillado como en las estaciones depuradoras.

Los problemas medioambientales que se derivan de estas malas prácticas pueden provocar que en ocasiones aparezcan toallitas en nuestros ríos o playas. Eso sin contar los atascos que se producen en nuestros hogares y que derivan en importantes daños para las infraestructuras públicas. Se dañan redes de alcantarillado, equipos de bombeo y estaciones depuradoras de aguas residuales.

Según AEAS (Asociación Española de Abastecimiento de Agua y Saneamiento) El impacto económico de tirar la toallita por el inodoro supone en España un sobrecoste de entre 4 y 6 euros por persona al año. Además del encarecimiento entre un 10 y un 15% de las actividades de mantenimiento, tratamiento y depuración de aguas residuales. En cifras globales, 230 millones de euros al año en nuestro país.

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Con la conclusión de que el inodoro no es una papelera, y para que no alimentemos al monstruo de las toallitas, hemos creado el siguiente vídeo:

carolina Carolina Lechado

javiergarcia Javier García

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