Reflexiones sobre teletrabajo y cambio climático

En los 18 meses más duros de la pandemia de la Covid-19 muchos de nosotros pudimos experimentar en primera persona y por primera vez cómo se puede trabajar desde cualquier lugar, gracias a la tecnología.

Apareció en nuestras vidas de forma inesperada, como respuesta a la emergencia sanitaria. Pasado el tiempo, hemos tomado conciencia de cuántos beneficios ha estado aportando, global e individualmente, para muchas personas trabajadoras.

¿En qué consiste el teletrabajo?

Según la OIT (Organización Internacional del Trabajo), los países han utilizado definiciones operativas ligeramente distintas, que normalmente se basan en dos componentes diferentes (ver Nota Técnica de 22 de julio de 2020 wcms_758333.pdf (ilo.org)):

  1. El trabajo se realiza plena o parcialmente en una ubicación alternativa distinta del lugar de trabajo predeterminado.
  2. La utilización de dispositivos electrónicos personales, como una computadora, una tableta o un teléfono (móvil o fijo) para desempeñar el trabajo. La utilización de dispositivos electrónicos personales debe constituir una parte fundamental del desempeño del trabajo. Los diferentes dispositivos o herramientas pueden utilizarse para comunicarse con colegas, clientes, etc., y para efectuar tareas específicas relacionadas con el trabajo, sin estar directamente en contacto con otras personas. 

Ambos términos reflejan en aristas diferentes que el teletrabajo es flexibilidad y deslocalización. «Tele-trabajo», trabajar a la distancia.

Esta forma de trabajar ha llegado para quedarse en muchas empresas y, sin embargo, pese a los muchos beneficios que conlleva, muchas otras parecen olvidar sus beneficios y optan por hacer retornar a los trabajadores al entorno de la oficina tras la pandemia. 

En un momento en el que estamos inmersos en la Cumbre #COP26 sobre el Cambio Climático de Glasgow nos preguntamos:

¿Cómo puede ayudar el teletrabajo a la lucha contra el cambio climático?  

No sólo por productividad y optimización de costes.

No sólo por retención del talento, pudiendo contar con profesionales cualificados de cualquier lugar del mundo que no entrarían en la organización si tuvieran que desplazarse a la oficina física cada día.

No sólo por avanzar en el trabajo por objetivos, en lugar de seguir enfocando el valor en la gestión del tiempo. 

No sólo como medida de continuidad del negocio ante emergencias o situaciones de crisis.

También por bienestar y conciliación, para fomentar la motivación y el compromiso de las personas que trabajan.

También por la reducción de accidentes laborales, reduciendo los viajes al puesto de trabajo.

También por la creación de oportunidades de empleo en zonas rurales, promoviendo la cohesión territorial, evitando la despoblación del campo y dando más oportunidades al acceso a la vivienda.

También por contribuir a la sostenibilidad de nuestro planeta. El teletrabajo es una herramienta más para luchar contra el cambio climático. Contribuye a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero producidas por el transporte y, en parte, por optimización de consumos energéticos.

Por ello, el teletrabajo es parte de la solución en la que creemos y desde el ámbito del empleo y el mundo laboral hay mucho que decir para aportar y ser parte del cambio y de la solución que queremos para el mundo.

María Luz Doce

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